Es duro correr pero mas duro es que tus hijos piensen que eres un moñas.
Y en estas que el sábado 22 de Mayo, henchído de orgullo paterno, me presento al cross que organizan en el colegio de mis criaturas. Importante destacar que éste año se celebra la XXXII edición del mismo. La foto que ilustra este post corresponde al cross del año 1985.
Y en estas decía, me levanto y acompañado del Aurre pequeño nos dirigimos al colegio, ya que desde sus instalaciones se dará la salida. El recorrido consiste en cerca de 4 kilómetros en las inmediaciones del Parque Calero, en Quintana. Se han organizado varias categorias en función del curso, a las que se han añadido padres, madres y profesores. Me he inscrito como padre ya que para mi desgracia, no existe la clasficación abuelo en la que seguro podía obtener un lugar relevante.
En la carrera saldremos todos juntos: padres, hijos, espíritus santos, descienda sobre vosotros y podeis ir en paz. El caso es que la organización se encargará luego de determinar la clasificación de los corredores en función de su categoría, los dorsales tienen código de barras que algo ayudará.
9:15 a.m. Los padres-corredores presentes empiezan a dar vueltas de calentamiento en el patio. Empiezo a ver cuerpos delgados, camisetas de tirantes, mizunos tope gama, gemelos esculpidos, gafas de espejo… creo que sólo falta alguna pantorrillera compresiva.
9:20 a.m. Me dirijo hacia donde está el Aurre pequeño a decirle que sí, que soy un moñas, que lo de entrenar 4 dias a la semana no me cunde, que un maratón lo corre cualquiera y que las 30 camisetas técnicas que tengo en casa son fabulosas como balletas ecológicas.
9:21 a.m. Por megafonía nos indican que nos dirijamos a la salida. ¡Noooooo!¡No me da tiempo! ¡Por favor! ¡Debo sincerarme con mi vástago! Sufro un atáque de pánico.
9:28 a.m. Repiten convocatoria por megafonía. Presa de los nervios decido correr y explicárselo acabada la carrera.
9:30 a.m. ¡Patapum! Empezamos cuesta abajo. La chavalería corriendo como si regalaran algo al final de la cuesta. Miro el pulsómetro. ¡3:50! ¿Dónde vas majo? Bajo el pistón y me pongo a 4:30 más o menos. Damos una vuelta completa al parque e iniciamos una segunda. Acabada, es el momento de un kilómetro aproximado de falso llano, digo falso porque pica para arriba lo suficiente como para empezar a resoplar como un búfalo. Sigo a 4:30 y compruebo que desde la salida voy altísimo de pulsaciones. Ahora es el momento en que me toca adelantar a chavales y más chavales.
Salta el kilómetro dos, 4:30. Me falta aire pero además bastante. Acabamos la subida y enfilamos la calle Sambara cuesta abajo. Y me digo ¡hala! revienta Josu. Meto quinta y el turbo. Salta el kilómetro 3, repito 4:30. Sigo corriendo hasta va-ci-ar-me (lo digo separado porque no podía respirar para decirlo todo junto).
Llego justito de fuerzas a la meta, cuando digo justito quiero decir muerto del todo. Total 3 kilómetros 550 metros a una media de 4:30.
9:54 a.m. Repaso la situación y me doy cuenta que he llegado en el primer pelotón y que igual no se nota. ¡Chitón! Creo que por este año me evito las explicaciones…
