Soy un recién llegado al mundo del corredor paquete. Mi primera carrera popular fue hace apenas un año, en Septiembre del 2009, en el Trofeo Edward. Era la edición XIII y al acabar los 10 kilómetros entendí que una cosa es la teoría y otra la práctica, dicho en otras palabras: una cosa es decir lo que vas a correr y otra es correr lo que has dicho…
Hoy, 19 de Septiembre de 2010, se ha celebrado la edición XIV del Trofeo. Por el cariño que tengo a la prueba y pese a mi lamentable estado de forma, estaba decidido a participar. Es una carrera a 3 vueltas que recorre el borde del Parque del Paraiso en Avenida de Arcentales, es decir, se corre en pleno San Blas, mi barrio dicho sea de paso. El Edward Athletic Club es quien organiza la carrera y creo que es un prototipo de prueba popular, casi familiar.
Inscrito y con el dorsal 77 en mi poder desde hace unos días, me levanto a las 8 para preparar mis armas. He elegido mis mejores galas, mi ropa favorita, mi conjunto Adidas AdiZero azul, negro y amarillo, esa equipación que tantas alegrías me ha dado. Vaselina, esparadrapo, el ritual de siempre. Decido no llevar las pantorrilleras compresivas, voy tan flojo que creo que no merece la pena.
Llego al Parque sobre las 9 y 20. Recojo el chip y para mi sorpresa y la de todos se trata de un nuevo sistema. Es una especie de tarjeta que hay que llevar en la camiseta con un imperdible. Raro-raro.
Cortadito rápido en el único bar abierto y me dirijo a calentar y a probar sensaciones. Ruedo en torno a 2 kilómetros y me noto pesado y alto de pulsaciones. Resignación me digo, igual se produce un milagro que es domingo y hay misa a las 10.
Me acerco al arco de salida sobre las 10 y 25. Este año noto que hay bastantes menos corredores en la salida. También, durante la carrera, he visto mucho menos público en las aceras a pesar de ser un circuito óptimo para ver a los corredores, hasta en 6 ocasiones.
Casi a las 10 y media la gente empieza a aplaudir y se pone a correr sin disparo ni nada. Debe ser la salida pienso yo, «vamos majete arranca» me digo.
Primera recta cuesta abajo de en torno a 400 metros. Tras ella empieza la primera subida y veo mucha gente en plan sprint, demasiado rápidos pienso, esto es una carrera rompepiernas y hay que dosificar mucho. Hago los 4 primeros kilómetros con esfuerzo, muy pesado. Intento controlar el ritmo a 5 kilómetros por minuto a base de no perder en los repechos y no cebarme en las bajadas.
Paso el kilómetro 5. Me sale un ritmo de 5:01 pese a las ganas que le pongo. No hay agua este año en la mitad de la prueba, ¿menos presupuesto? Miro el pulsómetro y veo que estoy por encima de 175 pulsaciones y además sigo notándome pesado. Es evidente que no voy, que hay algo que me falta y que no me permite rodar como antes. Hay algo que no está.
Y empiezo a pensar en el verano y en las tiradas tan especiales que he hecho por el Juan Carlos I, y en las sudadas y las risas que me he metido entre pecho y espalda. Y me acuerdo de cómo me gustan las mañanas sin tráfico para llegar allí. Y creo que me empieza a faltar el oxígeno en el cerebro porque me viene a la mente que siempre que voy al Juan Carlos paso por el Parque del Capricho, y me doy cuenta que todavía no lo he visitado y eso que me han dicho que tiene cisnes y todo. Y pienso también en el Mapoma y en la gente de Viladecans, me acuerdo mucho de la gente de Viladecans, y entonces me doy cuenta de que estoy sonriendo y de que acabo de pasar el kilómetro 8 y pienso que por todo eso, tengo que darlo todo en la carrera y reventar si hace falta.

Paso el kilómetro 9 en 4:50 y el kilómetro 10 en 4:32 completando para mi sorpresa un tiempo total de 48:27 ¡¡¡3 minutos y 14 centésimas más rápido que el año pasado!!! Efectivamente, el milagro del domingo se ha producido.
Tras la llegada, recojida de bebida y de la camiseta técnica y conversación con los amigos del Club de Atletismo de la Casa de Extremadura de Coslada. Dos de ellos han bajado de 40 minutos pese a la dureza del circuito. Me recomiendan que visite el blog de La Gacela de Vallecas que dicen que está muy currado y divertido.
No se me ocurre mejor forma de celebrar el crono que apretarme una tostadita con mermelada en un bar de Pobladura del Valle. Y mientras me doy el homenaje pienso, que tal vez si vuelvo a recuperar lo que tenía antes y sus sensaciones, igual bajo de 40 minutos, siempre que sea domingo y estemos en torno a misa de 10 claro…
