
Llegaron a nuestra vida de forma diferente a lo que conocemos hoy. Hace años, un podcast era la redifusión por partes del directo de un programa de radio. Este modelo, pensado más en aprovechar que en conquistar otras audiencias, tenía un resultado dudoso.
Ahora, la mayoría de los podcasts son contenido original, orientado a un público objetivo muy concreto y con múltiples posibilidades de consumo bajo demanda.
Creo que no estamos valorando en su justa medida al podcast. No hablamos del hermano pobre de la radio, hablamos de una tecnología que gana seguidores a una velocidad tremenda. Tanto es así, que el sector media está revuelto.
Luminary (una app) e Himalaya (otra app) han conseguido una ronda de 100 millones de dólares cada una; La Chartable (empresa de tecnología para podcasts) ha levantado 1,5 millones de dólares y PodFund (financia podcasters) 2,3 millones de dólares. Spotify ha comprado los estudios de contenidos Parcast y Gimlet Media y Anchor (una app). Sony Music acaba de lanzar una compañía de podcasting con los productores Adam Davidson y Laura Mayer.
A esto podemos sumar el anuncio de que Google ya indexa contenidos desde los podcasts.
Demasiado movimiento para algo pequeño, ¿no?