Desde que inicié el blog he querido escribir un post de esos pensados, profundos, donde pueda dejar mis reflexiones sobre el ser humano y sus comportamientos.
En ese post imaginado me gustaría contar lo diferentes que somos las personas y lo diferente que podemos entender una misma situación. Lo que para uno es un halago, puede ser interpretado por otro como un puyazo. Esta diferencia de interpretación es inherente al ser humano, somos diferentes aunque a veces nos olvidamos de ello.
Nos olvidamos también de ponernos en el lado del otro, de entender cómo piensan los demás, de aceptar que hay otras verdades a parte de la nuestra. A veces, esta falta de empatía suele ir más allá, menospreciamos tanto a los otros que creemos que no se nos ve el truco y que engañamos al que está enfrente porque éste calla. Y todo funciona más o menos hasta que de pronto te das cuenta que el otro simplemente se deja engañar. Y es que a veces somos muy zafios.
Hay otra cosa de la que me gustaría hablar en ese post y es que de todas las situaciones de la vida se aprende. Cualquier señor o señora que tengamos enfrente nos enseñará algo, por muy escépticos que seamos. Hay gente que incluso nos enseña precisamente lo que no hay que hacer, y eso no es despreciable.
No me olvidaría tampoco de comentar lo fugaz que es todo. En sólo 24 horas podemos pasar de disfrutar una situación personal o profesional maravillosa, a sentirnos mierda, y tal vez sólo por una llamada, un mensaje o un silencio…
Desde luego que no quisiera acabar ese teórico post sesudo sin incluir un último pensamiento sobre la actitud. Creo firmemente que recoges lo que siembras. A veces recoges el mismo fruto que has sembrado, en otras ocasiones, por una extraña ley universal no escrita, recoges frutos que ni siquiera te podías imaginar que existían. Y esta extraña ley universal se cumple tanto para lo bueno como para lo malo
No sé, cada vez tengo mas claro que me gustaría escribir un post de esos…
