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Hay crisis que vienen solas, y de las otras

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Hay crisis sobrevenidas que te explotan en la cara. Y hay otras, que aunque deberían suceder, si no haces nada, nunca existirán.

Te decía que hay crisis que llegan, como la de ahora, y que hay otro tipo de crisis que son las que hay que buscar, las de no aceptar las cosas como están, las que pueden llevarte al borrón y cuenta nueva. Etimológicamente crisis es el juicio formado sobre una cosa después de examinarla cuidadosamente. Y examinar, es algo que escuece, es más cómodo seguir en el carril y no levantar la cabeza.

La palabra crisis (krísis) significa separar o decidir. Designa el momento en que se produce un cambio brusco e intenso en una situación. Crisis es algo que se rompe y porque se rompe hay que analizarlo.

Ambos tipos de crisis aunque con origen diferente, tienen unas consecuencias comunes. Cuando te tocan se acaban las palabras bonitas. Crisis es miedo. Y el miedo no mola. El miedo se alimenta de tus inseguridades, sí, pero saberlo no impide que sigas sintiéndolo.

No hay una receta para las crisis, pero sí hay algo que ayuda y es el movimiento, saber que hoy estás en una posición diferente a la de ayer, moverte un metro a la parálisis que generan esos cambios brutales. Porque se verán afectados tu trabajo, la relación con tu familia y tu autoestima.

Y sabiendo todo lo que genera una crisis, puede parecer francamente idiota meterte de lleno en una voluntariamente. Esa es tu elección. Esta tampoco viene en los manuales.

Imagen de Greg Shield de unsplash.com