Empiezo la crónica de la carrera yéndome tres semanas atrás. Tres semanas en las que he estado recuperándome de una sobrecarga en el gemelo izquierdo tras unas series ”modelo Bolt”. La sobrecarga me ha tenido muy bajo de entrenos, incluso un día dejé una salida a los 2 kilómetros. Victor, mi fisio, me ha cuidado con cariño en este tiempo y con acupuntura, masajes y curetapes, ha conseguido dejarme en la casilla de salida de Segovia. Llevo su último tratamiento encima, un curetape que me coloca el jueves para que aguante mejor la carrera del domingo.
Puntualizada la situación de partida me centro en el día S (por lo de Segovia).
Empiezo por la preparación nocturna del material. ¿Lluvia o seco? Ante la duda lo meto todo. Preparo Garmin, vaselina, esparadrapo, fundas para los dedos… esas pequeñas cosas que necesitamos sicológicamente. Añado una novedad: “la chuleta runnera”. Me preparo en un papel que recubro con papel celo, qué kilómetros pican para arriba y cuales para abajo. Tengo la sensación que no me va a servir para mucho pero seguro que con al que tenga cerca, le dejo impresionado.

Dia S. Madrugo pero no tanto. 7:00 a.m. Recojo los bártulos y me pongo camino de Valverde del Majano, provincia de Segovia. Allí me encontraré con los compañeros de carrera. Javier, conocido como el “diesel de Arturo Soria”. Al ver su envergadura puedes llevarte a engaño. Consejo: no te fíes. Tú, descuídate un pelín y sus piernas diesel te meterán 1 minuto (como ya me ha hecho). Ana, la “esperanza de Valverde”. Todos sabemos que es la mejor de los tres, pero ella se empeña en caerse todos los domingos que entrena. Estamos reeducándola pero todavía no sabemos si lo ha superado. Junto a ellos dos, el que escribe, la “gacela de Getxo”, apelativo con el que me llama Javier y eso que ni soy gacela, ni soy de Getxo. En paz y armonía y tras un cafecito en Valverde, nos dirigimos a Segovia donde otros tres compañeros nos esperan.
Tras la entrega de dorsales, charlamos los seis durante un rato. Empiezan los comentarios de rigor: “¿a que tiempo vas a ir?”, “puff que mal he dormido”, “algo me sentó mal anoche, no voy, no voy” o “mira, paso de intentar hacer marca, voy a correr por sensaciones”… El caso es que parece que cada uno iremos a un ritmo diferente.
Calentamiento para arriba, calentamiento para abajo nos vamos aproximando al arco de salida.
10:28. Nos deseamos suerte. Nos damos la mano y besos a la chica. Cuando ya empiezan los nervios ¡¡¡BUMMMMMM!!!, y es que más que un disparo pareció un cañonazo. “Alea jacta est”, que significa “hala majo a dar pedales”.
Salgo tranquilo, queda todo me digo. Primer tramo hacia abajo con lo que vamos alegres. Primer kilómetro cae regulín: 5:11, tranquilo que esto es largo. En torno al kilómetro 1,5 empieza a darse la vuelta el asunto. Sube y sube y sube… kilómetro 3. Nos cruzamos con la cabeza que ya va de bajada. Como siempre, aplaudimos y gritamos sobre todo al primer atleta blanco, para que nos vamos a engañar. “Ánimo que ya están ahí”, me sale a duras penas. El caso es que lo mío sigue para arriba hasta casi el kilómetro 4. Rotonda y para abajo.
Bajo cortando gas, tranquilo gacela que esto es largo. La gente se ceba y empiezas a ver a la peña pisando a fondo. Recupero y bajo de pulsaciones. Bien. Kilómetro 6. Saltan 4:36, esto ya es otra cosa me digo. Sigo bajando a ritmo en torno a 4:30. Ya estamos en el kilómetro 9, casi 10. De pronto me doy cuenta que estamos llaneando, te cagas, increíble.
Hablo con un paraca, me dice que lo que viene ahora es para cagarse. Me empiezan los sudores. Sobre el kilómetro 11 se acaba el llaneo pero no los sudores. La cosa se pone para arriba. Miro la chuleta. Son 5 kilómetros de subida. A ritmo me digo, piensa que eres un tractor y que estás con la reductora. Empiezo a pasar gente. Reconozco algunos culos de los que antes han bajado a saco. La cosa se complica. Sube y sube y sube, y ves público que aplaude, y sube, y pasas gente, y sube, y digo yo que por qué cojones estoy aquí con el corazón bombeando como un animal, y sube, y pienso que en lugar de un tractor soy un click de famobil, y oyes resoplar a todo dios como bisontes y me pregunto que por qué no cantan ahora los paracas que acompañarían un montón y por fin, allí, al final, veo que la cosa se pone lisa y en esas que empiezo a reconocer el dolor en el gemelo izquierdo. No puede ser me digo. Victor es un fenómeno que me ha puesto un curetape milagroso. Son chorradas tuyas Josu.
Llegamos a la cima, y digo bien, cima. Y aquello empieza a ponerse otra vez para abajo. De nuevo veo culos pasar a fondo. Intento recuperar el aire. El dolor del gemelo crece con la bajada. Parece que recupero, miro el último paso en el Garmin 5:36. Puff, no hay nada que hacer, no hay marca. A-tomar-por-culo-el-arbolito. Hala majo, acabemos con dignidad.
Seguimos bajando, y otro kilómetro bajando, y otro, y con las bajadas el dolor crece y crece, y me doy cuenta que me duele de verdad y pienso que debo parar. Y al segundo pienso que antes de parar, prefiero llegar con la pierna al hombro y así cambiarla por una de aluminio.
Por fin dejamos de bajar y me doy cuenta que he hecho grupeto con un compañero de “Atletas Veteranos de Valladolid” y con otro de “La Tapia”. Ni una palabra entre nosotros. Corremos superjuntos como cortando el aire en bloque.
Y en estas que veo el Acueducto ya muy cerca, y el dolor es fuerte pero el público te lleva y decido vaciarme y dejo a mis compañeros. Salta el km 21, me dice 4:14, pienso que tampoco voy tan fino para ser el final. Empiezo a echar todo lo que me queda, veo ya el arco de meta, aprieto y aprieto y cuando estoy a punto de pasarlo me doy cuenta de lo de siempre, que soy idiota y que no es el de meta, y acierto ver al final de la calle el segundo arco, el bueno. Tengo una asfixia y un dolor que casi no me dejan andar pero pienso en chorradas, en mis pulsaciones máximas y que serán máximas si yo digo que lo son, y en esto que empiezo a reconocer los pitidos de los chips al pasar por la alfombra y me acerco al ruido y por fin… llego.
1:46:02, según dice Garmin, mi amigo del alma. Veo el panorama nada más llegar. Peña reventada por doquier. Devuelvo el chip y me siento en las escaleras de abajo del Acueducto. Me vibran las plantas de los pies, de verdad que me da la impresión de que se mueven solas. Tanto adoquín no puede ser bueno.
Espero unos minutos y voy a beber algo. La organización fabulosa. Agua, aquarius, powerade, cerveza, vino, bocadillos, bollos, naranjas, plátanos… Espectacular, como todos los detalles de la carrera. La señalización, la ayuda de los voluntarios, el botiquín en carrera, la bolsa del corredor… Segovia se merece repetir.
Veo ya a Javier, a Roberto, a Ana. Y pienso en que esto no es humano, que no se puede castigar así al cuerpo, que no tiene sentido intentar hacer todos los kilómetros que puedas a la semana, donde sea y a la hora que sea. Y me doy cuenta, iluso de mi, que lo que estoy deseando es correr ya otra.
