
Dedicas toda una tarde a elegir la música con la que editar el vídeo. Por fin lo acabas y publicas, pero no funciona como esperabas y te quedas mal. Piensas que no es justo, que el trabajo realizado merece más recompensa. ¡Bienvenido al club!
Bienvenido al club de la insatisfacción permanente porque en contenidos, vales lo que vale tu último contenido y eso no tiene recetas mágicas. ¿Vendes mucho? Gran contenido ¿Vendes poco? A llorar tocan. Y esto puedes llevarlo desde la web, a ebooks, podcast o lo que quieras.
Lo que tú pienses de tu propio contenido no sirve. Y tampoco sirve la opinión de quienes están a tu alrededor, porque toda esa gente no es tu público. Ellos te quieren, no te compran. Tu termómetro está ahí fuera y es el número de personas a las que has persuadido, y eso puedes conseguirlo hasta con faltas de ortografía.
Que sea impredecible no significa que lo dejes al azar. Debes analizar las métricas para ver qué funciona, estudiar hacia donde quieren que empujes el carro. Con el análisis identificas los márgenes donde moverte, y con el tiempo el margen se estrecha y acertaras más, pero no habrá plenos, no existen.
Se llama contenido, no se llama matemáticas.
Imagen de Louis Reed de Unsplash