
Los datos reflejan que la mitad de los trabajadores autónomos fracasan. Y decir la mitad, es el mismo resultado que tirar una moneda al aire.
Estos malos resultados empresariales se refuerzan con un comportamiento social perverso: castigamos al que fracasa. Admiramos al que todo le va bien, empatizamos con él. Por el contrario, denostamos al que falla, asociamos el fracaso con incompetencia y falta de compromiso.
España castiga el fracaso
No creo que cuando las cosas salen mal tengan una interpretación positiva. Cierra tu negocio y ya verás como “sales reforzado en lo personal y lo profesional” (?!) Fracasar es jodido, para ti y tu familia, te sientes una mierda, tardas en encajar el golpe.
Pero cuando las cosas van mal, la situación te obliga a reinventarte, a tener cintura. Acumulas experiencia real que te va a servir en tu nuevo rumbo, te apoyas en los que están contigo, creces y mucho.
Toda esta reflexión responde al cierre de Brainsins, explicado a corazón abierto por Corti y sus socios. Os recomiendo que escuchéis el capítulo 131 “El largo adiós de Brainsins«, ejemplo de conocimiento, aprendizaje y sobre todo verdad.Confío en que ya estamos en el camino de considerar que el fracaso es un componente natural del aprendizaje.
Imagen de Juan Pablo Serrano Arenas de Pexels