
Hace unos días me ha escrito un excompañero de trabajo al que veo poco pero aprecio mucho: ”Hola qué tal. Aquí mi último trabajo. Recuerda que puedes contar conmigo para lo que necesites. Yo me encargo de todo. Saludos”. No es literal, pero casi.
Lo primero que pensé es, jopé compi, respira que te vas a ahogar.
Lo segundo: ¿estará haciendo esto con todos sus contactos, así, en plan ametralladora?
Y lo tercero: yo estoy bien, gracias.
Identificación de las necesidades del cliente
Dando vueltas al asunto llego, una vez más, a uno de los principios fundamentales de la venta: no se trata de lo que tú quieres vender, se trata de lo que ellos quieren comprar.
Seguimos cayendo en el mismo error estratégico. No entendemos al cliente al que nos dirigimos y luego nos sorprende la falta de éxito. Hay que profundizar en lo que quiere, en cómo lo quiere y en qué momento, y esto puede no coincidir con nuestros tempos. Poco importan nuestras preferencias en la venta.
Ojo que a veces tenemos la fortuna de dar en el blanco hasta en más de una ocasión y el azar nos confunde.
No sé si te parece exagerado tanto análisis previo. ¿Eres más partidario de hacer y luego ir corrigiendo?
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