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Escribir para convencer

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Me gusta la tecnología, comprar en comercios de barrio y usar la ironía. Y tú dirás, y a mí que me importa, ¿no? Pues exactamente es lo mismo que piensa tu cliente: a mí qué me importa.

A veces cometemos el error de generar contenido sin pensar en el destinatario, sin reparar en donde está cómodo. Definimos estrategias y llevamos a cabo campañas que contienen todos los elementos que, en teoría, pueden funcionar según nuestra experiencia, pero olvidamos ponernos en el lugar de quien lo va a consumir.

El hilo conductor de nuestro trabajo deben ser los gustos del comprador o usuario final, no los nuestros. Esto implica, que tanto el contenido como los canales que utilizamos, deben ser los naturales al cliente, los que hacen que se encuentre en su territorio.

Antes de generar contenido dedica 10 segundos a ponerte en el lugar de tu cliente. Seguro que el resultado te va a sorprender

No escribas una línea, ni elijas una tipografía, ni edites un solo plano de vídeo sin hacer el ejercicio de pensar quién lo va a consumir. Respira, interioriza esta idea y arranca, pero tras haber pensado en ello. Diez segundos que harán que luego todo fluya.

Si lo piensas no te va a costar, e incluso es gratificante ese juego de intentar sentir como si fueras otro.