Un comentario sin importancia coge velocidad y acaba comprometiendo a toda tu empresa.
Y empieza el baile de llamadas.
Clientes, colaboradores y la gente de dentro.
Hay nervios.
Te piden qué hacer, cómo parar el fuego.
"Habla con ellos", te dicen, como si se pudiera hacer entrar en razón a miles de personas.
Ahora todos entienden que sí, que era necesario estar preparado. Ahora, todos te dicen lo importante que eres.
Y esperan tus indicaciones.
Nadie dará su opinión, por lo que pueda pasar.
Definitivamente, estás solo.
Lo que sí está bajo tu control es la forma en que respondes. Exige entender los mecanismos que provocan las crisis, la forma de actuar y los tiempos.
Hay un trabajo minucioso que debe estar preparado antes de que todo explote, incluso con las reticencias de los de dentro. No siempre comparten nuestra visión del riesgo real.
Los orígenes de una crisis son muy diversos.
Los hay por errores en servicios o productos, por comunicación deficiente, por interpretaciones diferentes, incluso por comportamientos inapropiados del equipo.
Y también las hay orquestadas, que no corresponden a un hecho objetivo, pero nuestra actuación debe ser la misma: reducir al mínimo el impacto en nuestra marca y negocio.